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martes, 7 de abril de 2015

DESPEDIDA Y CIERRE

          En el último par de meses hemos intentado plasmar a través de nuestros post, la realidad de la sanidad pública española desde el punto de vista de los diferentes colectivos que han sido afectados por las reforma sanitaria de 2012.
         En nuestra formación como salubristas hemos aprendido que es importante ponernos en la piel de los demás a la hora de tomar decisiones importantes, para poder tener una mínima idea del impacto que las mismas pueden tener en ellos.
         Es por eso que nos esforzamos para contactar con individuos de los sectores que han sufrido la reforma y poder expresar así sus sentimientos y sus puntos de vista al respecto.
      Esperamos que nuestro blog os ayude a entender mejor la importancia del sistema sanitario en una sociedad.
       Estamos convencidos de que un sistema nacional de salud gratuito y sostenible es posible, dentro del cual todos estemos cubiertos sin obstáculos.  





Sebastián Tornero.
Santiago Dominguez.
Paola Pedroza.
Gina Barrera.
Rocío Lorenzo.


martes, 3 de marzo de 2015

¿Qué pasa con los que no vemos?

El acceso a los servicios sanitarios de los mayores institucionalizados

Al hilo de lo que comentábamos en el post PRÓFUGOS POR SALUD, hay mucha gente que se ve afectada por las reformas de las leyes de sanidad, por el tiempo de crisis, por la escasez de recursos, por los problemas de financiación… Y hay mucha gente que protesta por ello, pero hay otras personas que están apartadas (o aparcadas) de la sociedad, los mayores que viven en residencias de la tercera edad.
Imaginemos esta situación: Anciana de 88 años con cierto nivel de dependencia, pluripatológica, plurimedicada y que como una gran cantidad de sus coetáneos vive en una residencia de ancianos.



Muchas de las razones que esgrimen familiares de personas mayores dependientes es que van a recibir en las residencias una mejor atención de la que le podrían proporcionar ellos en sus domicilios particulares. Pero ¿Es esto siempre así?

Si esta anciana de la que hablaba antes tuviera una descompensación cardiológica o una infección de vías respiratorias y estuviera en su domicilio familiar, los familiares tendrían la opción de acudir al centro de salud para que fuera atendida por su médico de cabecera o incluso que fueran a visitarla a su casa; o como ocurre en muchas ocasiones acudir a los abarrotados servicios de urgencias que tenemos en nuestro país.

¿Qué pasa cuando vive en una residencia? Ante afecciones no graves o llamémoslo urgencias no vitales si tiene la suerte de tener un equipo médico para su asistencia en la residencia aquí se acabaría la historia. Pero esto desgraciadamente no es así, o no siempre. Muchos de las residencias con las que contamos en nuestra comunidad son residencias benéficas, sin ánimo de lucro y muchas de ellas cuentan con médicos jubilados que van un día o dos a la semana a pasar una consulta de forma altruista, aunque casi todas cuentan con equipo de enfermería y auxiliares de enfermería.

A no ser que un médico esté, por suerte, ese día en la residencia; si nuestra anciana tuviera una afección que no pusiera en riesgo (de manera inmediata) su vida, la respuesta que en muchos casos se da es simplemente esperar. Ni siquiera hacer uso de los centros de salud a los que pertenecen por zona las residencias. Así pues enfermedades que podrían ser tratadas sin problema terminan muchas veces por agravarse y estos ancianos entran en el sistema de salud por la puerta de urgencias que tan colapsada está.


Problema de gestión, problema de la administración, problema de la legislación… Lo único que sé es que esto es un problema y que con el aumento de población anciana puede convertirse en una auténtica catástrofe de salud pública.



S. D.

P.D.: Siempre es buen momento para recomendar una buena película, ésta sobre la vejez: ARRUGAS





domingo, 22 de febrero de 2015

Directa o indirectamente: Todos estamos pagando las consecuencias


            Las consecuencias del real Decreto  Ley 16/2012 para la salud pública en España son nefastas. Dicha ley fue pensada como una medida urgente para garantizar la sostenibilidad de los servicios sanitarios. Sin embargo, no solo evaporó los principios de equidad y universalidad del sistema sanitario, sino que también puso en riesgo la salud y la vida de todas las personas que viven en España.

                                                                                                                                                                   La campaña <<Yo Sí, Sanidad Universal>> comenta que esta ley ha creado gran confusión en
el personal sanitario.  Por ejemplo, para los  casos de pacientes con VIH o tuberculosis  en los que las personas tienen derecho a medicamentos sin importar su origen o condición laboral, el personal sanitario no sabe como actuar, ya que los pacientes no se encuentran en el sistema o poseen tarjeta sanitaria. Esto implica que los pacientes vayan de ventanilla en ventanilla buscando respuestas que en muchos casos no encuentran antes de que sea demasiado tarde. Como fue el caso de Alpha Pam, quien tras intentar acceder a los servicios sanitarios durante seis meses sin conseguirlo, murió de tuberculosis sin conocer su diagnóstico.  

            Helena Legido-Quigley, investigadora de la London School of Hygiene, deja claro que España está en riesgo de seguir los pasos de Grecia, en donde los casos de VIH, tuberculosis e incluso de malaria, se han disparado desde que empezaron los recortes en sanidad. En España, ya hemos visto como a solo un año de que esta ley entrara en vigor se está negando servicios a personas con enfermedades crónicas. Aunque sea obvio, es importante mencionar que a las personas infectadas con VIH o tuberculosis y a las cuales se les niega tratamiento se les está violando su derecho universal a la salud. El mismo derecho que se nos está violando a todos nosotros porque nuestra salud ahora también está a mayor riesgo de contraer estas enfermedades.
 
 
      


 La pregunta del millón es ¿cuánto realmente nos estamos ahorrando con estos recortes?

            Los expertos explican que los  recortes en sanidad no suponen un gran ahorro para el estado español. Antes del 2012, el sistema sanitario español era uno de los mejores y más económicos del mundo, destinando solamente el 7% del PIB; lo cual es un porcentaje bajo comparado con los otros países europeos.

            Hasta la fecha no hay evidencia que demuestre que el Real Decreto Ley  16/2012 sea efectivo a la hora de garantizar la sostenibilidad de los servicios sanitarios. Lo que está claro es que nos está damnificando a todos.

Paola Pedroza